domingo, 8 de marzo de 2026

Con todo, yo.

 

Curiosamente acabo de descubrir que desde que tengo memoria, cada vez que me enfrento a una situación crítica y que me impone una decisión con su riesgo implícito, aparecen los mismos pensamientos, a saber:

Piensa bien lo que vas a decidir. Piensa lo que debes hacer. No importa lo que sientas, no importa el deseo. Por lo general no son más que fantasías de cuentos. Lo que importa es lo que debes hacer, lo que es correcto. Y luego, al momento de definir, aparece de repente y con claridad el camino que debo tomar. Sin cuestionamientos. Ni mucho menos duelos.

Curiosamente también descubro que, con mucha recurrencia, aparecían otras sensaciones luego de tomada la decisión y sin final que se pueda vislumbrar:

Esto no es lo que me hubiese gustado hacer. Pero si lo dejo por lo que me gusta y resulta fantasía  - lo que es muy probable -  seré culpable de haber abandonado lo que ya tenía por una absurda fantasía personal. Y si me fuere bien seré exitoso, pero inmensamente egoísta. Y si me quedo con lo que no me gusta me sentiré frustrado para siempre. Esto no tiene salida.

Contra esta afirmación luché en silencio durante casi tres décadas.

Hasta que voló todo por el aire.

Y con todo, yo.