jueves, 26 de febrero de 2026

El héroe colectivo

    El capitalismo ha tenido desde su origen a la desigualdad de derechos como base fundacional. Seguido de la explotación de personas y del uso, abuso indiscriminado y destrucción de los recursos naturales.

    El objetivo fundamental consiste en la ilimitada acumulación de riquezas de un sector minoritario, abastecido por otro mayoritario que las produce. Define claramente al primer sector como propietarios, dueños, capitalistas y el segundo como proletarios, trabajadores, productores de riqueza, etc. Todo esto en un escenario complejo del que se provee de materias primas existentes mucho antes que el humano decidiera organizarse. En realidad mucho antes de que nuestra especie pose sus pies sobre este planeta.

    A lo largo de su desarrollo el sistema Capitalista se ha ido modificando en función de su casi exclusivo interés de acumular riquezas. Pero a la vista de los resultados es necesario aclarar que para lograr ese objetivo no ha tenido ningún tipo de reparo en los métodos que se hubieren usado para llegar a él. Recordando los dichos de un ex presidente en campaña, podríamos afirmar que el paladar negro del capitalismo cree que escrúpulos es una isla griega.

    Luego de esta breve y dudosa pincelada podríamos cuestionar claramente los conceptos de propiedad, de derechos y del uso de los recursos naturales, pero no es objeto de esta propuesta. Si lo es remarcar sobre qué puntos fundamentales de este esquema de dominación queremos y debemos pensar y trabajar.

La resistencia y la lucha

    Llegar hasta el presente no le ha resultado sencillo al sistema en cuestión. La lucha y la resistencia de los dominados, proletarios, trabajadores, productores, etc., ha sido constante también desde el origen. No es tarea tampoco de este texto ahondar en estas empáticas luchas, pero es necesario destacar con claridad que, si bien no han conseguido terminar con este perverso sistema, han obtenido muchos triunfos que tenemos a la vista, pero por sobre todo le debemos a estas luchas la supervivencia del planeta. Si hubiera dependido del Sistema Capitalista y no hubiese habido resistencia y lucha, podríamos afirmar sin temor a exagerar, que este planeta ya no existiría en el universo.


    Estas resistencias y luchas se han basado fundamentalmente en la organización de la sociedad en diversas formas y bajo diversas consignas, pero está claro que por la magnitud del poder que se resiste, pero sobre todo por los métodos que el Sistema está dispuesto a usar, el trabajo individual o no organizado resulta rápidamente neutralizado. Ahora, aún organizado, luchar contra un enemigo poderoso que utiliza armas que quienes resisten no tienen acceso posible o, si lo tuvieren,  no estarían dispuestos a usar, es una batalla cuasi perdida.

    La enorme asimetría de las luchas ha llegado a un límite. Lo que parece no tener límite es la capacidad de daño y  muerte del Sistema para con cualquiera que se rebele y pretenda combatirlo, debilitarlo, eliminarlo, cambiarlo o simplemente entorpecer su desarrollo.  

    No podemos hablar de dominación sin hablar de libertad. Hablar de resistencia a la dominación es hablar de lucha por la libertad. Pero de nuevo, no es intención de este texto desarrollar el concepto de libertad, sólo vale aclarar que para que exista una relación vertical dominante es menester que el dominado pierda su libertad, aún sin pe|srcibirlo claramente. Está claro que, si hay un poder dominante, hay un sujeto sin libertad, sin sus derechos plenos. Surge entonces otro concepto en esta relación y es el de dependencia.

    En la historia, pero fundamentalmente en nuestros corazones, están las épicas luchas de los pueblos, como aquel lejano Octubre Rojo o el Asalto al Moncada. Hoy, visualizando el desarrollo tecnológico y armamentístico, es inimaginable esta forma de lucha por la propia desigualdad y asimetría y porque su magnitud acabaría por lo menos, con el planeta. Hasta aquel emocionante 17 de Octubre de 1945 aparece inimaginable. A ese “subsuelo de la patria sublevado” hoy se lo infiltraría, vandalizaría, criminalizaría y reprimiría de manera de neutralizarlo rápidamente, con la inconmensurable ayuda de los grandes Medios de Comunicación y el sistema judicial, ambos absolutamente cooptados. Pero la lucha continúa, debe continuar. Necesitamos encontrar nuevos métodos, nuevos escenarios, nuevas herramientas o, simplemente, nuevas formas de utilizarles.

    Dos párrafos más arriba mencionamos la palabra dependencia. Esta condición resulta fundamental para la dominación. Hoy tan consolidada que en la mayoría de los casos no advertimos de su presencia. Y no se trata de sutilezas. Con el correr de los años el sistema Capitalista se ha adueñado de elementos que resultan imprescindibles para la vida sobre esta tierra. Empezando por los territorios y sus recursos, la alimentación, la vestimenta, el hábitat, las formas de relacionarnos, de entretenernos, entre muchos otros elementos. Se ha apoderado de aquellos que nos eran habituales, cómodos o a gusto o los ha cambiado por aquellos que le son funcionales a sus objetivos. Lo que ha hecho es generar fuertes lazos de dependencia con los dominados. Tan inteligentemente diseñado que ha logrado que necesitemos de sus elementos para sobrevivir y a la vez pagando altas sumas de dinero por  ésos "elementos imprescindibles" , los financiemos y permitamos su sostén y su perpetuación. Las víctimas financian y sostienen a sus propios verdugos. Lo advirtió claramente el sociólogo francés Pierre Bourdieu en 1994 en su trabajo "Sobre la televisión".

    En este marco se visualizan dos mundos. En uno de ellos las minorías capitalistas dueñas de más del 80 % de las riquezas que se producen, se pelean entre ellas en la disputa del reparto de ese poder y de las distintas políticas a aplicar para esa acumulación- Superestructura-. El otro mundo está compuesto por más del 80 % de las personas que habitamos este planeta y que peleamos día a día y de diversas formas para sobrevivir a esas políticas con menos del 20 % para distribuir de la riqueza que producimos, ya que el 80% queda en manos de las minorías poderosas. En esta relación vertical existen fuertes lazos que las mantienen unidas y garantizan la relación de poder y dependencia.

    Hasta el presente, las luchas se han centrado en generar una organización política o alianzas entre ellas, lo suficientemente poderosa que, a través de diversos métodos que pueden ser violentos o no, derrote al capitalismo y subvierta el orden de dependencia impuesto. Esto ya no parece posible - al menos con los métodos conocidos -  como ya mencionamos.

¿Entonces? ¿Quién podrá defendernos?

    La respuesta la plasmó Héctor Germán Oesterheld en El Eternauta y es El Héroe Colectivo.
















    La historia nos muestra que los grandes líderes antiimperialistas y revolucionarios no abundan. Fidel Castro, Hugo Chávez u otros aparecen en forma esporádica, y en los últimos años parecería que con menos frecuencia aún. Tal vez el ensayo hecho de asesinatos de líderes territoriales y campesinos en diversas regiones de Nuestra América tenga por objeto atacar desde la germinación el crecimiento de nuevos líderes. Como sea que fuere no es posible esperar a un líder o lo que es peor, depender de él. Es necesario detener este proceso de exclusión, destrucción y muerte y para ello cada minuto cuenta.

    Hablamos y trabajamos mucho en la construcción del Poder Popular, pero es muy difícil construir un imaginario de "de qué se trata realmente ése poder". Si lo imaginamos como una nueva superestructura, aún con verdadera composición popular que pueda hacerle frente al poder corporativo, volveremos a errar el vizcachazo. No salimos de la trampa circular.

    Para tomar dimensión de cuál sería la forma de ése nuevo poder, podríamos partir trabajando, al menos cinco acuerdos fundacionales que nos permitirán construir redes de trabajo:

Primero, toda organización popular es válida mientras responda a intereses de una comunidad o de un sector de ella y no de un particular o empresa. Intereses colectivos.

Segundo, Francia. 

Tercero, acordar que ninguna de éstas organizaciónes tenga intención de cooptar a otra ni de incitar a sus integrantes a modificar su filiación o su pensamiento. 

Cuarto: tener como objetivo fundamental debilitar y combatir al Sistema Capitalista al menos en el ámbito de  incumbencia de cada organización de base.

Quinto y último, una gran disposición de articular con otras y  muy diversas organizaciones de la sociedad en función de paliar, modificar y evitar los daños del sistema sobre los pueblos. Donde no haya acuerdo no se fuerza el trabajo. Respetar los tiempos de los pueblos y sus comunidades diversas es condición sine qua non.

    Partiendo de estas premisas, cualquier organización que defienda o pretenda defender intereses comunitarios puede integrarse al trabajo en red. No importa tanto la razón que los haya  llevado a organizarse. Si observamos nuestra estructura social podemos ver que para casi todas las actividades nos organizamos sin fines de lucro o con lucro justo y equitativo. Las hay en torno a la educación - escuelas, cooperadoras, centros de estudiantes, asociaciones de padres, gremios docentes – en torno a la salud -  asociaciones mutuales, obras sociales, centros de salud comunitarios, cooperadoras de hospitales, hospitales – también las Cooperativas tanto de trabajo, de vivienda, de consumo. Asociaciones de productores de diversos rubros, los consorcios de edificios, etc. Podríamos mencionar una organización por cada actividad, incluso los clubes de barrio, los centros de jubilados. Todas ellas junto a las organizaciones políticas pueden entrar en el acuerdo. Es cuestión de ir poniendo las organizaciones libres del pueblo al servicio, precisamente, del pueblo. Ahí comenzamos a dimensionar y ver el concepto de "Poder Popular".

    El siguiente paso es que todas trabajen en la detección precisa de aquellos lazos que nos convierten en dependientes del sistema y buscar la forma de cortarlos reemplazándolos o de debilitarlos al máximo posible. En las cuestiones de consumo y producción se observan estos lazos con mayor claridad, pero existen en todos los ámbitos de nuestra vida social - ocio; entretenimiento; cultura; relaciones; educación; trabajo; etc., etc. -

    Para esta inmensa tarea no sólo es necesario detectar esos lazos nocivos sino también comenzar a trabajar en su reemplazo, generando los cambios necesarios para que eso sea posible. Tarea que exigirá de profundos cambios de hábitos y costumbres de gran parte de la sociedad. No es tarea fácil pero a la vez de romper o debilitar los lazos que financian y sostienen al sistema que nos explota estaremos creando nuevas formas de vivir, más justas, más solidarias, más equitativas, absolutamente inclusivas y además, sustentables y sostenibles en el tiempo.

    El profundo cambio social y cultural debe comenzar desde las bases. De abajo hacia arriba. Ya habrá tiempo de discutir la superestructura, si esta resultare necesaria. Pero cuando nos hayamos consolidado como sociedad soberana.

    Comencemos por establecer contacto, hacernos visibles y pensar, charlar, debatir, soñar y…manos a la obra.