El
capitalismo ha tenido desde
su origen a la desigualdad de derechos como base fundacional. Seguido de la
explotación de personas y del uso, abuso indiscriminado y destrucción de los recursos
naturales.
El objetivo fundamental consiste en la ilimitada acumulación de riquezas
de un sector minoritario, abastecido por otro mayoritario que las produce. Define claramente al primer
sector como propietarios, dueños, capitalistas y el segundo como proletarios,
trabajadores, productores de riqueza, etc. Todo esto en un escenario complejo del que se
provee de materias primas existentes mucho antes que el humano decidiera
organizarse. En realidad mucho antes de que nuestra especie pose sus pies
sobre este planeta.
A lo largo de su desarrollo el sistema Capitalista se ha ido
modificando en función de su casi exclusivo interés de acumular riquezas. Pero a
la vista de los resultados es necesario aclarar que para lograr ese objetivo no ha tenido ningún tipo de reparo
en los métodos que se hubieren usado para llegar a él. Recordando los dichos de un ex presidente en campaña, podríamos afirmar que el
paladar negro del capitalismo cree que escrúpulos es una isla griega.
Luego de esta breve y dudosa pincelada podríamos cuestionar claramente los conceptos de propiedad, de derechos y del uso de los recursos naturales, pero no es objeto de esta propuesta. Si lo es remarcar sobre qué puntos fundamentales de este esquema de dominación queremos y debemos pensar y trabajar.
La
resistencia y la lucha
Llegar hasta el presente no le ha resultado sencillo al
sistema en cuestión. La lucha y la resistencia de los dominados,
proletarios, trabajadores, productores, etc., ha sido constante también desde el
origen. No es tarea tampoco de este texto ahondar en estas empáticas luchas,
pero es necesario destacar con claridad que, si bien no han conseguido terminar
con este perverso sistema, han obtenido muchos triunfos que tenemos a la vista,
pero por sobre todo le debemos a estas luchas la supervivencia del planeta. Si
hubiera dependido del Sistema Capitalista y no hubiese habido resistencia y
lucha, podríamos afirmar sin temor a exagerar, que este planeta ya no existiría
en el universo.

Estas resistencias y luchas se han basado fundamentalmente en
la organización de la sociedad en diversas formas y bajo diversas consignas,
pero está claro que por la magnitud del poder que se resiste, pero sobre todo
por los métodos que el Sistema está dispuesto a usar, el trabajo individual o
no organizado resulta rápidamente neutralizado. Ahora, aún organizado, luchar
contra un enemigo poderoso que utiliza armas que quienes resisten no tienen
acceso posible o, si lo tuvieren, no estarían dispuestos a usar, es una batalla cuasi perdida.
La enorme asimetría de las luchas ha llegado a un límite. Lo
que parece no tener límite es la capacidad de daño y muerte del Sistema para
con cualquiera que se rebele y pretenda combatirlo, debilitarlo, eliminarlo, cambiarlo o simplemente entorpecer su desarrollo.
No podemos hablar de dominación sin hablar de libertad. Hablar
de resistencia a la dominación es hablar de lucha por la libertad. Pero de
nuevo, no es intención de este texto desarrollar el concepto de libertad, sólo
vale aclarar que para que exista una relación vertical dominante es menester
que el dominado pierda su libertad, aún sin pe|srcibirlo claramente. Está claro que, si
hay un poder dominante, hay un sujeto sin libertad, sin sus derechos plenos. Surge entonces otro concepto en esta
relación y es el de dependencia.
En la historia, pero fundamentalmente en nuestros corazones,
están las épicas luchas de los pueblos, como aquel lejano Octubre Rojo o el Asalto al Moncada. Hoy, visualizando el
desarrollo tecnológico y armamentístico, es inimaginable esta forma de lucha por la propia desigualdad y asimetría y porque su magnitud acabaría por lo menos,
con el planeta. Hasta aquel emocionante 17 de Octubre de 1945 aparece
inimaginable. A ese “subsuelo de la
patria sublevado” hoy se lo infiltraría, vandalizaría, criminalizaría y reprimiría de
manera de neutralizarlo rápidamente, con la inconmensurable ayuda de los
grandes Medios de Comunicación y el sistema judicial, ambos absolutamente
cooptados. Pero la lucha continúa, debe continuar. Necesitamos encontrar nuevos
métodos, nuevos escenarios, nuevas herramientas o, simplemente, nuevas formas
de utilizarles.
Dos párrafos más arriba mencionamos la palabra dependencia. Esta condición resulta
fundamental para la dominación. Hoy tan consolidada que en la mayoría de los
casos no advertimos de su presencia. Y no se trata de sutilezas.
Con el correr de los años el sistema Capitalista se ha adueñado de elementos
que resultan imprescindibles para la vida sobre esta tierra. Empezando por los
territorios y sus recursos, la alimentación, la vestimenta, el hábitat, las
formas de relacionarnos, de entretenernos, entre muchos otros elementos. Se ha apoderado de
aquellos que nos eran habituales, cómodos o a gusto o los ha cambiado por aquellos que le son
funcionales a sus objetivos. Lo que ha hecho es generar fuertes lazos de
dependencia con los dominados. Tan inteligentemente diseñado que ha logrado
que necesitemos de sus elementos para sobrevivir y a la vez pagando altas sumas de dinero por ésos "elementos imprescindibles" , los financiemos y permitamos su sostén y su perpetuación. Las víctimas financian y sostienen a sus propios verdugos. Lo advirtió claramente el sociólogo francés Pierre Bourdieu en 1994 en su trabajo "Sobre la televisión".
En este marco se visualizan dos
mundos. En uno de ellos las minorías capitalistas dueñas de más del 80 % de las
riquezas que se producen, se pelean entre ellas en la disputa del reparto de ese
poder y de las distintas políticas a aplicar para esa acumulación- Superestructura-. El otro
mundo está compuesto por más del 80 % de las personas que habitamos este planeta y
que peleamos día a día y de diversas formas para sobrevivir a esas políticas con menos del 20 % para distribuir de la riqueza que producimos, ya que el 80% queda en manos de las minorías poderosas. En esta relación vertical existen fuertes lazos que las mantienen unidas y garantizan la relación de poder y dependencia.
Hasta el presente, las luchas se han centrado en generar una
organización política o alianzas entre ellas, lo suficientemente poderosa que,
a través de diversos métodos que pueden ser violentos o no, derrote al
capitalismo y subvierta el orden de dependencia impuesto. Esto ya no parece
posible - al menos con los métodos conocidos - como ya mencionamos.
¿Entonces?
¿Quién podrá defendernos?
La respuesta la plasmó Héctor Germán Oesterheld en El
Eternauta y es El
Héroe Colectivo.
La historia nos muestra que los grandes líderes
antiimperialistas y revolucionarios no abundan. Fidel Castro, Hugo Chávez u
otros aparecen en forma esporádica, y en los últimos años parecería que con
menos frecuencia aún. Tal vez el ensayo hecho de asesinatos
de líderes territoriales y campesinos en diversas regiones de Nuestra América tenga
por objeto atacar desde la germinación el crecimiento de nuevos líderes. Como
sea que fuere no es posible esperar a un líder o lo que es peor, depender de
él. Es necesario detener este proceso de exclusión, destrucción y muerte y para ello cada
minuto cuenta.
Hablamos y trabajamos mucho en la construcción del Poder Popular, pero es muy difícil construir un imaginario de "de qué se trata realmente ése poder". Si lo imaginamos como una nueva superestructura, aún con verdadera composición popular que pueda hacerle frente al poder corporativo, volveremos a errar el vizcachazo. No salimos de la trampa circular.
Para tomar dimensión de cuál sería la forma de ése nuevo poder, podríamos partir trabajando, al menos cinco acuerdos fundacionales que nos permitirán construir redes de trabajo:
Primero, toda organización popular es válida
mientras responda a intereses de una comunidad o de un sector de ella y no
de un particular o empresa. Intereses colectivos.
Segundo, Francia.
Tercero, acordar que ninguna de éstas organizaciónes tenga intención de cooptar a otra ni de incitar a sus
integrantes a modificar su filiación o su pensamiento.
Cuarto: tener como objetivo
fundamental debilitar y combatir al Sistema Capitalista al menos en el ámbito de
incumbencia de cada organización de base.
Quinto y último, una gran disposición de articular con otras y muy diversas
organizaciones de la sociedad en función de paliar, modificar y evitar los daños del sistema
sobre los pueblos. Donde no haya acuerdo no se fuerza el trabajo. Respetar los tiempos de los pueblos y sus comunidades diversas es condición sine qua non.
Partiendo de estas premisas, cualquier organización que
defienda o pretenda defender intereses comunitarios puede integrarse al trabajo
en red. No importa tanto la razón que los haya llevado a organizarse. Si observamos
nuestra estructura social podemos ver que para casi todas las actividades nos
organizamos sin fines de lucro o con lucro justo y equitativo. Las hay en torno a la educación
- escuelas, cooperadoras, centros de estudiantes, asociaciones de padres,
gremios docentes – en torno a la salud
- asociaciones mutuales, obras sociales,
centros de salud comunitarios, cooperadoras de hospitales, hospitales – también
las Cooperativas tanto de trabajo,
de vivienda, de consumo. Asociaciones de productores de diversos rubros, los
consorcios de edificios, etc. Podríamos mencionar una organización por cada
actividad, incluso los clubes de barrio, los centros de jubilados. Todas ellas
junto a las organizaciones políticas pueden entrar en el acuerdo. Es cuestión
de ir poniendo las organizaciones libres del pueblo al servicio, precisamente,
del pueblo. Ahí comenzamos a dimensionar y ver el concepto de "Poder Popular".
El siguiente paso es que todas trabajen en la detección
precisa de aquellos lazos que nos convierten en dependientes del sistema y
buscar la forma de cortarlos reemplazándolos o de
debilitarlos al máximo posible. En las cuestiones de consumo y producción se observan estos
lazos con mayor claridad, pero existen en todos los ámbitos de nuestra vida
social - ocio; entretenimiento; cultura; relaciones; educación; trabajo; etc., etc. - .
Para esta inmensa tarea no sólo es necesario detectar esos lazos nocivos sino también comenzar a
trabajar en su reemplazo, generando los cambios necesarios para que eso sea
posible. Tarea que exigirá de profundos cambios de hábitos y costumbres de gran
parte de la sociedad. No es tarea fácil pero a la vez de romper o debilitar los
lazos que financian y sostienen al sistema que nos explota estaremos creando
nuevas formas de vivir, más justas, más solidarias, más equitativas,
absolutamente inclusivas y además, sustentables y sostenibles en el tiempo.
El profundo cambio social y cultural debe comenzar desde las
bases. De abajo hacia arriba. Ya habrá tiempo de discutir la superestructura,
si esta resultare necesaria. Pero cuando nos hayamos consolidado como sociedad
soberana.
Comencemos por establecer contacto, hacernos visibles y pensar,
charlar, debatir, soñar y…manos a la obra.